Los conflictos morales de un crítico de videojuegos

matosantos

V.I.P.
Los conflictos morales de un crítico de videojuegos
Prensa vs fandom



Estoy completamente seguro de que todo aquel que haya trabajado en la prensa del ocio electrónico habrá escuchado alguna vez eso de 'qué suerte, te pagan por jugar' y tal. Y es que la vida del crítico de videojuegos es para los fans de este mundillo algo más que una bicoca... es una meta, la gloria absoluta hecha oficio. Cualquier otra cosa está muy por detrás que ese culmen que es el llegar a ser redactor en una publicación que hable del Call of Duty, el PRO y demás juegazos.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Más allá de tener que bregar con auténticas bazofias cuya jugabilidad es de auténtico martirio chino -cada vez que recuerdo títulos como Eva Cash o el Britney's Dance Beat de PC me sale urticaria-, el crítico de videojuegos siempre ha sido cuestionado de medio a medio, si bien en estos últimos tiempos la sintonía del periodista con lo que es la industria del videojuego en sí ha ocasionado no pocas situaciones rocambolescas por las que determinados medios especializados deberían rendir muchas cuentas. Con justificación o no, ya por defecto el lector tiende a considerar su opinión tan válida como la del escritor en cuestión, y voto a bríos que es de justicia el que así lo crea, puesto que la valoración de un videojuego es algo especialmente subjetivo, donde la porción de objetividad que hay que otorgar creo que debería estar presente en propios y extraños.


Por ello, a la hora de escribir sobre videojuegos siempre hay que ser tremendamente profesionales, y con ello tratar de despejar cualquier duda que se haya podido generar en base a las recientes polémicas por las que la prensa del videojuego está cada vez más sometida a juicio (y con razón). Con esto, debo aclarar que, por muy independiente que uno sea, analizar un programa que no llegue al aprobado siempre es un reto. Es fácil que una mala crítica entre en disyuntivas que choquen entre distribuidoras, la política de la publicación que albergue el texto y, finalmente, por los usuarios fanáticos del nombre y/o marca y la opinión del redactor en sí. Pero se hace; hay que estar por encima de toda esta vorágine malparida, aunque luego a uno le lluevan piedras y palos por todos los lados. Y ojo, que cuesta mantener el ánimo después de todo esto.

Después de casi dos décadas dedicándome a esto de escribir sobre videojuego, debo decir que el mayor palo para la moral del reviewer llega por parte de los usuarios. Por ley, aquel que escribe sobre esto, en su labor profesional, debe avisar a los lectores vía opinión propia de las bondades o carencias de un producto que por lo general es caro. Y hablo de la experiencia que supone el invertir cincuenta o setenta euros en una ponzoña, porque al fin y al cabo son artículos de lujo, sin que por ello quiera decir que nos llevamos algo bueno a casa. Pero aún con esas acabas chocándote con fanáticos cuya pasión por una marca o saga deja enano al fervor del patriota más patriota. Os podría contar mil anécdotas al respecto, desde aquellos tiempos en los que defender una conversión como la de Resident Evil 4 para PlayStation 2 era sinónimo de que los fans de Nintendo te acusaran de ser un vendido de lo 'casual'; o los más actuales, donde hablar bien de FIFA conlleva ser lapidado por centenares de seguidores de PES que, con muy mala baba, te dicen que no tienes 'ni idea'. Y así mil y una cosas.


En otros tiempos, sobre todo en la década de los ochenta donde prácticamente comenzaba todo esto, el redactor era una entidad respetada hasta la médula. Cierto es que prácticamente no existían los abusivos tratos de favor de hoy día, donde se sabe que la publicidad y los amiguismos hacen más por las notas que la calidad del producto en sí. Pero lo dicho: antes todo era más sano, y se aceptaban las palabras del reviewer como hoy día se hace con Roger Ebert cuando habla de cine. Incluso cuando las cosas se hacen bien de manera destacable, se obtiene el mérito de la transparencia... así me ocurría en los tiempos en los que era redactor de la revista Loading, donde hacíamos un trabajo diametralmente diferente del visto en las contemporáneas Hobby Consolas o Super Juegos y por ello éramos apreciados, algo que le dejaba a uno henchido de orgullo.

Pero como hemos dicho, hoy las cosas son bien distintas, y las causas son evidentes, yendo desde el exceso de información que proporciona la red de redes hasta los casos en los que la prensa se ha pringado de mala manera en asuntos turbios. Con todo, por parte de los usuarios -y qué demonios, por parte de todos- es ciertamente preocupante cruzar líneas de moralidad por el mero hecho de que alguien opine de distinta forma que uno mismo. Pero ya si se trata de una forma de ocio como es el videojuego... ¡malo! Seguro que somos muchos los que también criticamos cómo los fanáticos del fútbol se dan estopa unos a otros, saliendo incluso con pijamas de pino por no saber afrontar lo que debería ser una sana rivalidad entre equipos; pues más o menos igual. Pero para empezar, para que al escritor de videojuegos se le pueda respetar como es debido en estos oscuros tiempos, se tiene que tratar precisamente al videojuego con un respeto aún mayor, darle el trato de madurez que a estas alturas ya debería tener y no participar en esto como los mismos frikis apasionados que podríamos ser -foros y redes sociales mediante- si no estuviéramos trabajando en este medio.
 
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