Dormir in Spain is different

usuaria2010

Miembro Experto
Un circo nómada donde empaparse de acrobacias, un hotel-isla para usted solito o un coso taurino con alicientes de oreja y rabo. O simplemente a la intemperie, con el único manto de las estrellas. Son maneras de dormir diferentes, alojamientos fuera de lo común. Y están todos en España.


Aire de Bárdenas. Paz, naturaleza y diseño a un paso de las Bardenas Reales de Navarra. Eso es lo que ofrecen las ventanas habitables de estos pabellones cuyo confortable interior se asoma al campo de trigo que los rodea -¿o es a la inversa y es éste el que se adentra en la habitación?-, mientras el cierzo pronuncia su discurso ventoso.



'Dormir bajo las estrellas...' No pueden ponerse puertas al campo, pero... ¿y camas? En la dehesa extremeña sí. El leit motiv de la propuesta 'Dormir bajo las estrellas' es simple: dormir a pierna suelta durante dos noches en una confortable cama en medio de un mar de encinas y bajo un cielo tachonado de estrellas.



Hotel Amadeus. Euterpe, la musa de la música, es una cliente fija de este hotel para melómanos ubicado en el sevillano barrio de Santa Cruz. Y es que este divertimento en forma de 14 habitaciones es lo más parecido a un conservatorio: los huéspedes pueden usar todos los instrumentos musicales que hay desparramados por la casa o la sala de ensayo insonorizada -con piano incluido- para entregarse a la práctica musical.



Cabanes als arbres. Esta aventura arbórea –diez cabañas de madera suspendidas en los árboles de un bosque cercano al Montseny- es la sorpresa perfecta para urbanitas con vocación de Robinson Crusoe: en este nido no hay electricidad, ni agua corriente, ni cobertura en el móvil... Eso sí, los amaneceres son inolvidables, tanto como el desayuno recién hecho que, colocado en un cesto, deberá subir hasta su terraza con la ayuda de una polea.



Circo Museo Raluy. Niños y niñas, grandes y pequeños… ¡Alójense en el Hotel con ruedas del Circo Museo Raluy! Ahí espera una showman caravan de 1939 para vivir como uno más de la gran familia Raluy. Se trata de un hotel itinerante para observar el día a día de la vida nómada de los artistas. Y para soñar con acrobacias inverosímiles, payasadas y olor a palomitas.



Hotel Punta Grande. Como un buque varado en la negra roca volcánica del acantilado del fin del mundo, el Hotel Punta Grande de la isla canaria de El Hierro parece vivir ajeno a su condición de hotel más pequeño del mundo como certificó el Libro Guinness de los Récords en 1989. Lo mejor de todo es que alojarse en alguna de sus cuatro habitaciones siempre es una vivencia gigantesca.



Hotel Plaza de Toros de Almadén. Cuando en 1752 se construyó en Almadén la primera plaza de toros hexagonal del país, nadie imaginó que ese coso se transformaría en un hotel. Pero así fue. Con 23 habitaciones distribuidas en torno a la arena, el Hotel Plaza de Toros de Almadén es una joya para los amantes de la tauromaquia con alicientes de oreja y rabo como es su museo taurino y su restaurante, donde saborear su celebérrimas tortitas de rabo de toro con salsa de tomate.



Hotel Silken Puerta América de Madrid. Este hotel nació como un punto de encuentro donde la libertad creadora fuera la anfitriona. Y ahí sigue, invitando a sus huéspedes a descubrir en sus 12 plantas el genio de nombres propios como Foster, Mariscal o Hadid. Una Grande Boucle por la vanguardia del diseño que hay que culminar en su cima, el Bar SkyNight, diseñado por Jean Nouvel y situado en la planta 13.



Iglú-hotel Granvalira. Podría encontrarse en la Laponia finlandesa, pero no, el único alojamiento construido íntegramente de nieve al sur de Europa tiene su emplazamiento a 2.350 metros de altitud en Granvalira (Andorra). Dormir dentro de un cálido saco de plumas mientras afuera del iglú las temperaturas llegan hasta los -40º es un placer esquimal. Como también lo es contemplar el firmamento tachonado de estrellas desde el jacuzzi de la suite Romantic.



Isla Tagomago. Situada a 900 metros de la costa de Ibiza, este pedazo de Mediterráneo de 400.000 m2 ofrece la posibilidad –sólo para pequeñas fortunas, para qué nos vamos a engañar- de disfrutar por unos días de una de las pocas islas privadas de España. No es extraño que en las cinco lujosas suites de esta isla-hotel recalen los fijos del papel couché, deportistas de élite y artistas de medio mundo.



Les Cols Pavellons. Misterio, sobriedad, silencio y, sobre todo, el vacío. Así es esta rara avis emplazada en Olot (Gerona), cuya cuevas de cristal modeladas en vidrio y acero no pueden compararse con ningún hotel del mundo. Un poema arquitectónico, una experiencia zen que culminar en los manteles del restaurante Les Cols (dos estrellas Michelin) de la cocinera Fina Puigdevall.



Habitaciones skylight del Vincci Capitol. ¿Qué se esconde tras el neón que corona el edificio Capitol, uno de los iconos de la Gran Vía madrileña? Dos habitaciones únicas, las suites skylight, la joya de la corona del hotel Vincci Capitol gracias a su interiorismo chispeante y divertido. ¿Un ejemplo? Desde su cama en forma de chapa de refresco se contempla una de las mejores vistas del Broadway capitalino.



Casas Karen. En Los Caños de Meca (Cádiz) hay tres chozas de cuento: hechas íntegramente de paja, madera y caña, alojarse en esta acogedora arquitectura arcaica es lo más parecido a formar parte de la fábula de los tres cerditos.



El Añadío. Si le apasiona el universo taurino y quiere alojarse durante unos días entre toros bravos, ésta es la elección perfecta. Y es que esta finca engastada en las laderas de Sierra Morena y referencia en la crianza de morlacos desde 1850 brinda la oportunidad tanto de alojarse en las viviendas de los antiguos mayorales como de vivir en primera persona la rutina ganadera.



Cap Rocat. Construido entre 1898 y 1903, el fuerte militar de Cap Enderrocat, al sur de la Bahía de Palma, no nació para lo que es hoy: uno de los hoteles más singulares del Mediterráneo. A sus 24 habitaciones ocupando en su mayoría las antiguas troneras de los cañones se suman sorpresas como su piscina infinity sobre una de las murallas o el Sea Club, al borde de la Cala de la Reina.



Astoria 7. Construido sobre la que fuera una de las salas de cine míticas de San Sebastián, en cada una de sus 102 habitaciones –su única suite es un lujo para mitómanos de Alfred Hitchcok- luce una estrella en forma de actor, actriz o director de cine. Es el particular tributo de este hotel de cine a todos los protagonistas del Festival Internacional de Cine donostiarra desde 1953.



Refugio Marnes. La visión de esta exótica jaima bereber para cuatro personas en la Sierra de Berna, en el interior de la Costa Blanca, pudiera parecer un espejismo del desierto, pero no lo es. Es un oasis, un refugio alicantino real, donde desconectar por completo del ajetreo diario.



The Hoopoe Yurt Hotel. No destila el horizonte infinito de las estepas de Mongolia, pero el paisaje donde se asientan estas cinco yurtas mongol, a un paso de la Sierra de Grazalema, no se queda atrás. De ahí que sea una de las mejores opciones en España para disfrutar del glamping y donde el dolce far niente se convierte en un relajado estilo de vida.

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